martes, 8 de abril de 2008

AL FILO DE LA NOCHE


He tenido un día de perros, que a mordiscos me ha arrebatado a lo largo del día, hasta la última gota de energía que mantenía en pie a mi cuerpo. Estoy echa bolsa, eso de pasar horas de horas frente a una computadora, realmente, debe ser peligroso. Siento que toda esa energía negativa que emiten esas pantallas, todas esas chatarras electrónicas me han planchado el alma. Pero son las doce de la noche y me largo, he decidido no cruzar el umbral de la una de la madrugada, porque si veo en mi reloj la una, quizás caiga al suelo y eso, siendo honesta, no creo que sea lo más saludable.

Y, por suerte, D. ma petite editora está de acuerdo.

-Vamos R., siento que esta isla de edición ya está cargada. Y hoy no traje los cuarzos, así que mejor irnos antes que nuestros chacras se contaminen más.

Sí, D. es como una pequeña “Dharma”, cree en las energías, en las fuerzas de la naturaleza, en los chacras, fincas y demás sensaciones extraterrenales.

Abandonamos, de inmediato, la oficina, felices, no sin antes pasar angustiadas por el detector de metales. Pensábamos, entonces, si ese umbral electromagnético no acabaría por desintegrarnos, por chupar lo poco de vida que quedaba en nuestros cuerpos, por dejarnos derretidas en el suelo, un charco de R. y D., tal como le ocurre por un momento a Amelie(abajo les dejo el fragmento, por si no vieron la película).

Logramos cruzar el primer obstáculo y salimos de la oficina, estábamos listas para tomar un taxi, éramos libres, D. hablaba por teléfono, pero de pronto, me mira fijamente y me dice:

-R. avanza, camina…

-¿Qué pasa D.?

-Un cuchillo…

-¿Qué?

-El tipo ese tiene un cuchillo y viene hacia nosotras.

Debo confesar que a la primera pensé que era una broma, pero D. insistía. Entonces, la miré fijamente para ver si no tenía la vista desorbitada, para descubrir si las pantallas no habían terminado confundiéndola, para sujetarla en caso cayera al suelo. Y, en ese preciso instante, el brillo intenso de un objeto de metal ingresó con violencia hacia mi registro visual, por el rabillo del ojo. Y allí estaba, un sujeto de 1.70, ni flaco ni gordo, algo bigotón y sujetando en posición de ataque un cuchillo de cocina grande y filudo, de esos que pueden obtener el corte perfecto si se trata de preparar un carpaccio.

Y como ni D. ni yo estábamos dispuestas a terminar de cena en algún rincón retorcido de la ciudad y en la mesa de un grupo de fanáticos de Hanibal Lecter, listos de seguro para deleitarse con nuestros cuerpecitos: retrocedimos de a pocos, sigilosamente, y temblando.

El hombre se acercaba, estaba ya a unos cinco metros y de golpe se detuvo. Otro sujeto, de espaldas a nosotras, le dio el encuentro y le quitó el cuchillo. El bigotón, le susurró tres palabras al oído y la nueva amenaza, volteó con el cuchillo en posición de ataque y en dirección a nosotras. Retrocedimos más y más hasta llegar a la puerta de la oficina. El guardia imperturbable, solo observaba la escena. Como si necesitara de una película para mantenerse en pie y nosotras le ofreciéramos gratis una escena perfecta de suspenso.

La nueva amenaza se acercó un poco más y un poco más y cuando estaba a punto de caer al suelo y las taquicardias golpeaban a morir mi pecho, el sujeto dio media vuelta, cruzó la pista y se perdió en la inmensidad de la noche.

-¡Ufffffff! ¿Qué fue eso R.?

-DDDDDDD. No lo sé, no me sueltes el brazo que me derrumbo. Nos iba a matar, qué iba a hacer.

-Tranquila R. ya pasó. Pero tengo que decirte algo, esto me pasa porque estoy contigo. Es cierto, eres un imán de situaciones extrañas, me pregunto cómo puedes sobrevivir con ellas. Jajajajaja, ser tu amiga R., es aceptar vivir en peligro.

D. lo había comprobado. Y debo confesar que me siento un poco culpable, la había arrastrado, sin desearlo, a uno de mis momentos taquicárdicos y extremos. ¿Será cierto lo que dice J?, ¿será cierto que el azar se ha ensañado conmigo?

En los últimos días, encontré cierta calma en mi departamento y pensé que podía haber superado mis momentos “mufas” y de intenso estrés. Pero hoy compruebo, que no, que me equivoqué, que de una u otra forma siempre vuelven y me sorprenden en donde este y, totalmente, desprevenida. ¿Cómo puedo exorcizar mi vida de todo esto? Si alguien tiene alguna idea, láncela por favor.

Los dejo ahora con el video que les prometí…



1 comentario:

Computadores dijo...

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