jueves, 26 de junio de 2008

Gracias J.


J. es la única persona a quien le debo mi temor a los aviones y este post es, probablemente, un tributo a su constancia. Y hablo de constancia porque vaya que J. se esmero en sumar un nuevo miedo a mi vida. Como si los que soportó ya no fueran suficientes. Aún lo recuerdo, campaña electoral de 2001, una avioneta de 12 pasajeros esperaba para llevarnos a Jauja con uno de los candidatos favoritos abordo. J. se retrasó como siempre, pero llegó justo a tiempo. J. tenía esta vez un aliciente: estrenar su ritual pesimista frente a mí. Y así comenzó su peculiar perorata.

-R. ¿Rezaste?

-¿Recé?

-Sí, sabes que es altamente probable que esta avioneta se caiga ¿No? Vamos, es una nave pequeña de doce pasajeros, está reventando, una de las posibles víctimas está bastante gorda, lleva media hora atiborrándose de chocolates, y siempre he pensado que ante el peligro inminente lo mejor es empezar por rezar.

-J. ¿Qué estás hablando?

A mí, a la joven R., no le entraba en la cabeza tal posibilidad. Yo cubría mi primera campaña política, iba a viajar innumerables veces en avión, avioneta y helicóptero y no podía esperar un minuto más, quería partir. Quería llegar volando a lugares alejados del Perú, a lugares que realmente me sorprendieran, espacios que ni siquiera había podido imaginar. Iba a pasar los siguientes dos meses de mi vida yendo de un lado a otro, mi suerte no podía ser mejor. Pero no había caído en el pequeño detalle, J. iba a viajar conmigo y si bien no le temía a los aviones, sí le atraía profundamente la idea de desarrollar en mí una fobia a volar.

-R. si sobrevivo ¿Qué quieres que le diga a tu mamá?

-Nada, no va a pasar nada ¿Qué estás diciendo?

-Vamos, es como un pequeño testamento verbal. Por ejemplo, si yo muero y tú vives, cosa que es imposible, lo más probable es que ninguno los dos vuelva con vida, quiero que tu conserves mis libros y mis discos.

-Basta J. me estás torturando. ¡Cállate!

-Espera ya va a despegar, dame tu mano R., cierra los ojos.

-J. no me asustas, no me asusta volar. Todo lo contrario.

J., debo agregar a esta historia, tiene un humor negro insufrible, un humor que se pierde entre la realidad y la ficción. A lo que voy es que, algunas veces, sus bromas suenan tan reales, que más de una persona confundida ha querido meterle un golpe por su falta de tino. Y aquí les va el ejemplo. Hace unos años, J. le dijo una vez a mamá R. que el avión en el que yo viajaba se había perdido, que no sabían mi paradero y que solo quedaba rezar. Mi madre obvio casi se desmaya, tuvieron que darle un calmante y cuando aterricé y la llamé para decirle que acababa de llegar a Lima, me dijo:

-R, aterrizaron ¿Estás bien?

-Sí – respondí - ¿Por qué?

-¿No se había perdido el avión?

-¿Perdido? No ¿De qué estás hablando? Para nada…

Acto seguido, escuché un grito aterrador del otro lado del teléfono, seguido del nombre de J. Oír el nombre basto para que comprendiera que había pasado. Bueno, ahora entienden a que me refiero cuando hablo del humor negro de J.

En fin, tras más de un mes viajando con mi extraño amigo, de pasar por una tremenda turbulencia en la que solo escuchaba un grito ensordecedor: reza R., por dios, reza. Finalmente, desarrollé una profunda fobia a las avionetas y, sobretodo, al despegue de los aviones. Ahora, volar se ha convertido para mí en un ritual. Aferro mis manos a la silla, el sudor es incontrolable, me persigno, rezo, rezo como si fuera mi única salvación, y mientras repito mis plegarias visualizo la cara de mi madre, de mi familia, pienso en si ese será el último día de mi vida y luego ya en el aire, vuelvo a respirar de a pocos. J., por el contrario, sube feliz al avión, no se persigna, no reza, cierra los ojos, sonríe, y espera tranquilo a que le avisen que acaba de llegar a su destino.

Gracias J. Y, como lo dije al inicio de este post, este es solo un tributo a tu constancia a prueba de balas y a tu humor incomprendido.

Les dejo este video que me gusta mucho y que, por cierto, encaja muy bien con el post.




3 comentarios:

consumida dijo...

Oye, pero, le tienes miedo a las alturas o a volar y esas cosas¿?¿

R. dijo...

Le tengo miedo a los aviones, no a volar.Creo que podria subirme a un parapente, incluso alguna vez escale una montaña sostenida de una soga y me gustó mucho. Pero los aviones me asustan, siempre siento que están a punto de caer.

pau.escoba dijo...

Se echa de menos que escribas ...